sábado, 5 de septiembre de 2015

PINTURA Y JAZZ

Autorretrato
     Hace bastantes años recaló en Benidorm un excelente pintos ampurdanés, Bartolomé (Bartomeu) Massot que llegó acompañando al marchante de arte Ismael Planells, ambos de Figueres los cuales llegaron con el objetivo de montar la Galería de Arte Darhim en la plaza de la iglesia donde permaneció instalada y funcionando durante un par de años.

     Con el tiempo y como consecuencia de los múltiples viajes que, a causa de su profesión, tenía que realizar Planells, fué el mismo Massot el que se encargaba de dirigir la citada galería lo que dió origen a que, dadas mis repetidas visitas para informar sobre sus actividades a que me obligaba mi actividad como corresponsal de TVE y crítico de arte, llegara a fraguar una excelente amistad con Massot disfrutando, en muchas ocasiones de sus fecundas charlas y comentarios sobre sus experiencias artísticas y sus aficiones musicales.
Massot (en el centro), Planells y yo

     La excelente relación nos llevó a organizar una, a organizar una exposición antológica de su obra, en la Biblioteca Pública Municipala "Gregorio Marañón" que por entonces yo dirigía, donde se colgaron desde los dibujos para ilustraciones infantiles de sus comienzos hasta la etapa de abastraccionismo más puro, pasando por su época de paisajista más realista cercanos a los acreditados paisajistas olotinos tan llenos de prestigio y aceptación en toda Cataluña. Una exposición que servía, al mismo tiempo, para explicar los escolares cuando realizaban una visita, como se producía el transito del realismo a la atracción en la trayectoria artística de un pintos de tan fecunda producción.
De la Suite del Jazz en mi colección

     Entre sus diferentes etapas me gustó, especialmente la llamada "Suite del Jazz" (de la que poseo algún cuadro) que había surgido de la fascinación que este estilo musical ejercía en el pintor, aficionado, bastante avanzado, a tocar la batería y tema sobre el charlábamos frecuentemente dada también mi afición a dicho estilo musical.



Tete Montoliú
      Esta coincidencia de gustos dio origen a una anécdota que no me resisto a contar aquí y que fué la ocurrida cuando, en uno de mis viajes a Barcelona y habiendo coincidido con Massot, después de cenar me invitó a tomar una copa en un local especializado en música de jazz, del que lamento no recordar el nombre ni la ubicación, en el que actuaba el excelente y añorado Teté Montoliú.

     En la 'jam sesion' como suele ser habitual se levantaron los músicos y quedaba uno solo haciendo gala de sus habilidades como solista y en la rotación quedo solo ante el piano el magistral Montoliú interpretando un solo de geniales acordes y excelentes ritmos. y en plena interpretación se levanto Massot y sentándose a la batería comenzó a acompañar al maestro el cual, sin levantar la cabeza del teclado, ya que como es sabido era ciego, dijo "Bona nit, en Tomeu" demostrando haber conocido el estilo y forma de "jazzear" del pintor/baterista.

     Finalizada la sesión tuve el honor y la satisfacción de que me presentara al genial músico con el que pudimos compartir un largo rato de charla constituyendo uno de los mas entrañables recuerdos de mis muchas visitas a la ciudad condal.

     Entrañables recuerdos de momentos en los que las artes de la música y la pintura cobran un protagonismo imposible de olvidar.

viernes, 28 de agosto de 2015

LAS CERVEZAS ARTESANAS

EL BARULLO DE LO ARTESANAL.

Están de moda. Está claro que están de moda.
No hay más que ver, oír o leer los reclamos y comentarios que aparecen en establecimiento, medios de comunicación o redes sociales en los que se anuncian, se promocionan, se elogian o se magnifican las propiedades, ventajas o virtudes de las cervezas artesanales nacidas al amparo de un sector en auge imparable y que está adquiriendo una importancia desproporcionada tanto en espacios propagandísticos y ferias como entre opiniones más o menos autorizadas entre profesionales o aficionados del sector.

Cervezas artesanales. Un producto en alza a velocidades meteóricas. Algo que nos asalta desde todos los rincones pero que muy pocos se han dedicado a analizar con rigor, seriedad e imparcialidad.
Yo, como aficionado a la cerveza desde hace bastantes años, me siento tentado de ofrecer mi opinión sobre un tema que alcanza ya, a mi juicio, dimensiones muy amplias y que tiene, también según mi criterio, bastantes puntos débiles de los que no se suela hablar habitualmente.

Para empezar hay que destacar algunas evidencias que afectan al consumidor medio. La primera su precio, generalmente más elevado que el de las cervezas industriales. La segunda su calidad que no siempre, ni siquiera en la mayoría de los casos, está a la altura de lo que se intenta vender y que, por el contrario, se encuentra en muchos casos –yo diría que casi , casi , en la mayoría también, muy por debajo de los estándares aceptables.

Y todo ello ¿Por qué?. Muy sencillo, porque hacer cerveza es muy fácil y si no que se lo pregunten a los antiguos sumerios o egipcios e, incluso a los pobladores de este planeta en tiempos del neolítico.
Es un proceso muy sencillo, desprovisto de la necesidad de instalaciones muy costosas –hay equipos domésticos que cuestan como un lavavajillas y ocupan casi el mismo espacio, y de su sencillez se deriva que surjan, como setas, artesanos cerveceros que fabrica el dorado líquido, suponiendo que a lo que hacen se pueda llamar fabricar ante el desconocimiento de los procesos industriales y técnicos que demuestran.

Yo he hablado personalmente con el fabricante de una de esas cervezas artesanales –con precio que duplica el de cualquiera industrial- y me ha reconocido no haber estudiado nada para fabricar y poner en el mercado su cerveza y, ni siquiera me supo decir que tipo o variedad de lúpulo era el utilizado, cuando en Alemania la profesión de cervecero es una carrera con reconocimiento de técnica universitaria. Aquí con leer cuatro cosas en  el socorrido Facebook o en el milagroso Google e, incluso, con estudiarse el folleto de instrucciones que viene con el kit cervecero con el que te ofrecen convertirte en "naestro" como imbuido por ciencia infusa, ya tenemos formación.
Foto tomada de un artículo de Federico Fayad - ffayad@losandes.com.ar

Cientos de ‘artesanales’ (¿O son ya miles?) se ofrecen por todas partes pero por mi parte renuncio a todas las que no puedan demostrarme conocimientos y rigor para su fabricación que disipen como mínimo, el riesgo de hacer una cata sin provocarme el enojo que merecen muchos de los engendros que se comercializan.

Lo que titulaba esta reflexión: un barullo.

miércoles, 29 de julio de 2015

LA CERVEZA Y LAS FALDAS

     Valga la siguiente página de mi blog para traer a colación algo que siempre he comentado en charlas, reuniones o conferencias y que pone de manifiesto la estrecha relación que han guardado, desde siempre, la cerveza y las faldas.

     Las faldas de las mujeres y las de los hábitos monacales.

     He de confesar que no dispongo de datos fiables en relación con las mujeres y la fabricación de cerveza en los lugares comúnmente definidos como sus originarios como Sumeria o Elam pero si tengo la convicción, aunque con escasas confirmaciones con valor científico, de que la cerveza es muy anterior a esta convicción generalizada y que, sin embargo, su origen se remonta, ¡nada menos! que al Paleolítico o, al menos al Neolítico.
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     El razonamiento es bastante lógico y cuenta con algunos datos confirmados como los aportados por el arqueólogo de la cerveza Patrick McGovern "La receta para la cerveza Jiahu fue encontrada en una sepultura neolítica en China."  u otros como son fragmentos de vasijas e incluso de cráneos en los que aparecen restos de algo que muy pudiera ser la cerveza más primitiva del mundo y que habría sido elaborada, inconscientemente en principio, por las mujeres, encargadas de la recolección de los cereales salvajes existentes, mientras los hombres cazaban,  para cuya conservación, ante la germinación casi inmediata que se producía inutilizándolos para el consumo, los inundaba en agua con lo se llegaba a una fermentación que sería lo más parecido a una cerveza espesa muy similar al conocido como pan de cerveza de épocas posteriores o a la cerveza más basta de la consumida en el Antiguo Egipto. Un primer caso de relación de las mujeres y la cerveza que fue muy apreciado, sin duda, en fiestas tribales o familiares o en ritos religiosos o funerarios.

Añadir leyenda
     En el antiguo Egipto existen numerosos testimonios, incluso escritos aparecidos en inscripciones de tumbas, de la importancia de la mujer en la producción de una cerveza sin la cual es muy posible que hoy no existiera una maravilla como las tan admiradas pirámides de Egipto en cuya construcción se utilizaba la cerveza como salario y como alimento según nos describe este fragmento de texto: "Las raciones diarias, los salarios del antiguo Egipto, se pagaban con cerveza. Se les daba un recibo que decía, has ganado 50 jarras de cerveza, era como una tarjeta de crédito para los egipcios, la cerveza, era dinero. Todo el mundo tenía derecho a cinco hogazas de pan y dos vasos de cerveza al día. La tasa corriente para un constructor de pirámides, era de 4 litros de cerveza por día."

     Muchos más testimonios se podrían aportar pero hablando de mujeres lo que nos importaría sería este otro fragmento en el que se las menciona como protagonistas; "Las mujeres se encargaban de las tareas domésticas, así como de la comida y la cerveza era una parte de ella, por lo que en general, eran ellas las que se encargaban de elaborar la cerveza." De lo que se deduce que sin su trabajo como cerveceras no existirían tan apreciados monumentos.

     También existen evidencias mas que probadas de que mujeres cerveceras acompañaban a los ejércitos del Faraón para irles suministrando cerveza en sus jornadas bélicas y agotadoras marchas bajo un sol agobiante.

     La otra relación de las faldas y la cerveza nos llega de la mano de la aparición de esta bebida, llegada desde países más orientales, hasta el centro de Europa donde los monasterios, aficionados, desde siempre, a la destilación de diversos licores, encuentran en la cerveza un producto barato, dadas  las grandes extensiones de cereales de que disponían, con propiedades refrescantes, hidratantes y, sobre todo alimenticias con el sobrellevar mejor los rigores de las dietas cuaresmales y con el que socorrer a los numerosos peregrinos que acudían a sus puerta mendigando alimento y a los que socorrían con un litro de cerveza que les permitía afrontar su siguiente etapa.

     Numerosas cervezas, especialmente belgas u holandesas, todavía hoy mantienen su origen y, aunque pasadas la mayoría a manos ajenas a las órdenes monacales originarias, se ven obligadas, por contrato, a mantener las fórmulas y métodos de fabricación establecidos originariamente por los frailes como ocurre con las magnificas cervezas trapenses o con algunas de las más populares cervezas de trigo alemanas.

     Una relación, como vemos, entre faldas y cerveza que hoy se ve afianzada por la creciente afición de las mujeres por esta bebida al universalizarse su consumo merced a la popularización de sus excelentes virtudes como bebida saludable y salutífera.










lunes, 13 de julio de 2015

EL CUARTO VASO CURIOSO

     ...Y van cuatro.
     Es que hay muchas, muchísimas formas de vasos, copas y jarras de cerveza. Unas para tomar cervezas muy espumosas, otras para las más sobrias, algunas conservando tradiciones y muchas de ellas siguiendo modas de los lugares donde se elaboran las cervezas cuyas marcas lucen en bonitos dibujos, historiadas leyendas o escudos característicos.

La celebre copa para beber cerveza
     Ya he traído a este blog varias entradas con las fotos, la historia o las leyendas que identifican su origen.

      Por ahí andan mis comentarios sobre la de forma de cuerno con la que se degusta La Corne, la redondeada por abajo de la Kwak o la puntiaguda de las tabernas holandesas que provocaban la repetición de los bebedores. Solo tenéis que mirar en el índice de las entradas del blog para encontrarlas y conocerlas.

     Hoy traigo a colación una copa de forma curiosa y de historial mas que reconocido aunque dotada de diversas leyendas que no siempre coinciden en los detalles aunque si derivan de un explicación común conservada a lo largo de los años.

     Se le atribuye desde hace muchos años un origen castrense, militar, aunque más exactamente bélico, guerrero, con olor a trinchera y sabor descanso y a victoria.

     La bota de cerveza es un vaso de vidrio de muy diferentes capacidades que, actualmente, se elabora, que yo sepa, en medidas de 1/3, 1/2, 1  y 2 litros de capacidad aunque he visto referencias a la existencia de las de litro y medio. Yo solo dispongo de un par de ellas con el significativo escudo de Munich.

     Este curioso recipiente para cerveza, de forma simpática, cómodo de agarrar y en el que hay que beber con cuidado porque al pasar el líquido por la zona del tobillo puede dar origen a una burbuja, como en la de Kwak que puede remojar al bebedor se ha convertido en elemento insustituible de los estantes de los mejores comercios donde se vende cerveza o cualquier objeto con ella relacionado.

     Se dice que esta copa, suele usarse en fiestas, para juegos protagonizados por bebida o simplemente como decoración aunque también es habitual encontrar estas copas en las ferias de cerveza,  conocidas como Oktoberfest, tan habituales en Alemania y entre las que destacan las de Munich y Stuttgart por su impresionante montaje y multitudinaria asistencia de público y organización de actividades de diversión, aunque esta calificación puede estar influenciada por el hecho de que al ser las dos a las que he tenido la oportunidad de asistir son, lógicamente, las que me han causado una imborrable impresión.

     Nos cuenta una leyenda que durante la Primera Guerra Mundial, los soldados alemanes tomaron la costumbre de beber la rica cerveza en grupo, pasándose una bota de uniforme llena, pues no tenían vasos en la que escanciarla.

     Quizás por esta costumbre, con el tiempo, se asoció el beber de la bota con atraer la buena suerte, o al menos, brindar por ella en forma de victoria.Todavía en algunas fiestas en Alemania, Austria y países cercanos, suele darse una bota de cerveza como premio en algunos concursos populares.

Las cuatro copas más curiosas
     Según otra leyenda este llamativo envase de cerveza tiene una historia respecto a su origen: que se remonta a más de un siglo en que un general prusiano enfrentado a una difícil batalla, prometió a su tropa que si luchaban y triunfaban podrían beber cerveza de su bota. Cuando los soldados resultaron victoriosos, el general los sorprendió con algo mejor, había mandado a hacer un vaso especial con la forma de su bota, de modo que los hombres no tuvieran que beber de las que habían calzado durante la batalla que, naturalmente, al aroma de la rubia espumosa añadiría los nada gratos efluvios del sudor fruto del esfuerzo realizado.

     Una bonita copa, dotada de una no menos bonita tradición e historia, que, como es lógico, yo no podía renunciar a tenerla junto a las más curiosas de mi colección aunque sea la de un tamaño moderado para no incitar a cualquier amigo que venga a casa intentar emular a los soldados victoriosos de la gesta teutona.

Salud y buena birra.


viernes, 26 de junio de 2015

OTRO VASO DE CERVEZA CURIOSO

     En el recorrido que vengo realizando por los vasos de cerveza más curiosos que tengo no podía dejar de referirme a uno de cuya adquisición guardo un amable recuerdo.

     Se trata de un vaso de forma inusual que vi por primera vez en mi vida, y en el que degusté una rica cerveza holandesa, con ocasión de un viaje por Holanda al que había sido invitado y en cuyo transcurso, recorriendo varias preciosas ciudades y bellos parajes y catando diversas cerveza y exquisitos quesos, pasamos por un atractivo lugar en el que una serie de molinos de viento componían un panorama singular y que recalcaba la personalidad del país como si de una decoración fantástica se tratara..

     Fue un agradable hallazgo descubrir que uno de ellos albergaba un restaurante montado con exquisito gusto con decoración típica mente holandesa y dotado de una carta done un menú, no demasiado extenso, pronosticaba deliciosos platos y que, naturalmente, suscitó la curiosidad que, unida al apetito que ya, por la hora, se dejaba sentir, nos decidió a emprender la aventura gastronómica de comer en tan singular establecimiento.

     A la sorpresa del hallazgo se unió la de comprobar que, al pedir una cerveza para iniciar la comida, ésta me fue servida en un curioso vaso de forma cónica, insertado en un taco de madera. Aguijoneado por la curiosidad pregunté al camarero por el motivo de tener tan curiosos recipientes y, con la ayuda de uno de los dueños que se expresaba bien en español me explicaron que aquellos vasos eran una antigua tradición que tenía un motivo fundamentalmente económico.

     Los bebedores que se juntaban a beber cerveza solían darle largas dejándolas sobre el mostrador pero al tener aquella curiosa forma no tenían más remedio que mantenerla en la mano con lo que la cerveza se calentaba por lo cual había que beberla con presteza y así  el pedido de la siguiente se producía mas rápida y frecuentemente. Con el tiempo se impuso dotar las copas de un soporte para poder depositarlas en la mesa y de ahí se derivaban las que nos habían servido y que tanto me habían sorprendido.

     Nos explicaron, también, que para la costumbre de tomar junto a la cerveza un chupito de aguardiente o de ginebra, tenían otras copas en miniatura de la misma forma en las que se servía el licor y que se solían dejar caer dentro de la cerveza para que la mezcla con el licor se produjera en el mismo vaso en el que se degustaba la bebida. Economía de consumo podría haberse denominado el sistema.

     Tanto el lugar como el almuerzo, la cerveza y, sobre todo, la originalidad de las copas supuso una agradable experiencia y un capítulo más para mi conocimiento de las cervezas que finalizó, ¡como no! rogándole al dueño del restaurante que me vendiera cuatro ejemplares para poder disfrutar de su posesión junto a otras copas, vasos y jarras de muy diferentes formas y tamaños. La amabilidad del restauarador holandés cumplió mi deseo y el grato recuerdo de aquel pintoresco restaurante me acompaña desde entonces.

     Y los curiosos vasos los he usado, compartiendo ricas cervezas con amigos, en más de una ocasión.

¡Salud y buenas birras!




jueves, 25 de junio de 2015

EL INGENIO DE LOS COCHEROS

Desde la primera vez que la vi me llamó poderosamente la atención y excitó mi curiosidad.

Me refiero a la cerveza Kwak y, sobre todo, a su muy especial vaso cuya forma y, sobre todo, su soporte, me parecieron sumamente curiosos por no decir espectaculares.

Se trata de una cerveza belga, ale, fuerte. de un color oscuro y 8,4% de alcohol proporcionados por su doble fermentación. Su elegante aroma y característico paladar la sitúan en un puesto importante entre las cervezas más apreciadas.

Su principal característica, aparte de sus condiciones organolépticas de sabor, color, aroma, tipo de espuma, etc. se centra en un vaso alargado y de fondo redondeado de muy singular forma y que, precisamente por su perfil, requiere un sistema de apoyo también sumamente original que, naturalmente, excitó mi curiosidad incitándome a realizar las averiguaciones necesarias para poder conocer su origen del que no existe una historia documentada pero que si cuenta con numerosas leyendas coincidentes en lo sustancial y datadas, todas ellas en el año 1791 que fue la fecha en que se inició su fabricación.

Justifican los comentaristas la especial forma de vaso y soporte en la afición a la cerveza que era común en la Bélgica flamenca y en la costumbre de su consumo en todos los niveles de la sociedad. 

En tales circunstancias había un importante y numeroso grupo humanos que tenía dificultades para dar satisfacción a su afición: los correos, que realizaban su labor en carromatos, y los cocheros y carreteros que servían los medios de transporte en aquellos tiempos en los que todavía no existía el AVE ni nada parecido. El problema que se planteaba era que los correos, en muchas ocasiones se veían privados de entrar en las tabernas porque no podían dejar sin custodia las alforjas o sacas en las que transportaban el correo u otras pertenencias. Tampoco podían los cocheros y aurigas disponer de cerveza para mitigar las ardientes jornadas de viaje porque el traqueteo de los vehículos hacían imposible la estabilidad de botellas o jarras que contuvieran el deseado líquido.

Por todas estas circunstancias el cervecero Pauwel Kwak ideo un sistema de vaso y soporte de madera que, atornillado al pescante de los carruajes, permitió que los cocheros tuviesen a mano la posibilidad de echar un trago que mitigase las fatigas del viaje y aclarase la garganta del polvo 
que se producía durante el trayecto.

Y luego viene lo del nombre que, pese a parece demostrado que solo quiso recordar el nombre de su creador, hay quienes lo atribuyen a la especial forma del vaso que, cuando el líquido pasa la parte estrecha, la burbuja de aire que viene a ocupar la zona esférica produce un sonido de "cuac" que, para los que desconocían el apellido de su fabricante, cosa muy habitual, por otra  parte,
bien podía denominar a una cerveza muy peculiar, apreciada y, sobre todo, adaptada a unos tiempos y unos profesionales que bien merecían el esfuerzo de pensar en la manera de mitigar la sed provocada por sus duras jornadas de tránsito por unos caminos polvorientos y llenos da baches.

Hasta aquí el comentario de una cerveza muy peculiar y, al mismo tiempo, muy agradable para acompañar comidas fuertes como los asados de carne o las empanadas con relleno consistente, quesos añejos o embutidos bien curados, como indica, por si misma la graduación ligeramente superior a la de las cervezas de consumo más habitual.

¡Salud y buenas birras!

miércoles, 24 de junio de 2015

DEL GENIO DE DALÍ

      Hay momentos de extraordinario impacto a lo largo de la vida y algunos, por sí solos constituyen toda una historia por mucho que se encuentren muy espaciados en el tiempo, en las circunstancias, en las motivaciones e incluso en los recuerdos

      Algo que impactó a mi hace mucho tiempo, nada menos que en el año 1953 o 54, fué la visita a una exposición de Salvador Dalí en la galería existente en aquel tiempo en Los Sótanos, de Madrid.
Fué una exposición que me causo una fuerte impresión no solo por la espectacularidad de los cuadros expuestos sino, también, por la expectación que venía despertando el pintor tanto por sus obras como por las extravagancias que se publicaban y que venían forjando un personaje al que era difícil sustraerse.

      Una de las anécdotas, muy comentada, y comprobada su veracidad por mi personalmente dada la amistad que me unía con uno de los empleados del lugar donde se llevó a cabo, tuvo lugar en el muy conocido Bar Chicote, famoso por sus combinados y su excelente museo de bebidas.
Por allí recaló Dalí y con su prosopopeya habitual pidió un cóctel "rojo como la sangre". Tras varios intentos con mezclas de diferentes bebidas, no aceptados por el pintor, pidió un vaso de sifón y pínchándose en un dedo dejo caer unas gotas de su propia sangre hasta que tomo el color que le pareció más aceptable y se lo bebió pagando con una propina nada despreciable.

       Al poco tiempo, encontrándome haciendo mi servicio militar, pasaba yo de uniforme frente a una gasolinera en Guadalajara y me sorprendí al ver a Dalí repostando combustible. Me acerqué a él y le comenté lo mucho que me había impresionado su exposición y le solicité un autógrafo que él, cogiéndome el gorro de soldado, me firmó sobre la prenda militar que lamento no haber conservado por culpa, sin duda, de los distintos cambios de residencia que han jalonado mi vida.

      Tiempo después, por mi actividad de crítico de arte, tuve la oportunidad de profundizar en la vida y obra del artista llegando incluso a dar alguna conferencia sobre dichos temas en los que manifesté mi opinión de que Dalí, llegado tardíamente al surrealismo, era, más que un gran pintor, un singular dibujante con un excelente sentido del color y la ilustración que elevaban, justamente, su obra a las dimensiones internacionales que había alcanzado.

      Un regalo que me hizo un buen amigo fué una colección de seis azulejos con dibujos de Dalí que, desde hace muchos años adornan mi casa y de los que cierto día encontré una edición de reproducciones (no autorizadas, por cierto) en una cerámica castellonense de los que adquirí dos o tres colecciones para regalar a personas muy apreciadas ya que la diferencia con las originales, excepto en el precio, que si era considerable, apenas se apreciaba de no tener ambas juntas para poder apreciar los detalles. Las mías, las auténticas, son las que aparecen aquí retratadas.

      Años más tarde, allá por los 70, un marchante catalán con el que me unía buena amistad, Ismael Planells, con muy buena relación con Dalí dado que era también de Figueres, me invitó a acompañarlo a visitar al pintor y allí que nos fuimos a su casa de Cadaqués donde nos recibió en el patio donde se encontrada realizando unas curiosas transformaciones de un bibelot de porcelana al que estaba añadiendo algunos elementos de su propia cosecha. Su esposa Gala se encontraba en el Castillo de Púbol por lo que no tuve la oportunidad de conocerla personalmente.
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      Se inicia la conversación haciendo gala el pintor de su clásica fooormaaaa dee hablaaar arrastrando las palabras de manera inconfundible y cuando nos preguntó que ruta habíamos escogido para llegar hasta su casa y decirle que habíamos venido por Vilasacra, 'la capital del mon' como la definía el poeta Fages de Climent, tambien figuerense, compañero de colegio y muy amigo del pintor que, muy extrañado, me dijo:"¿que vosté coneix a Fages de Climent?" y al yo responderle "Si. I no sols a Fages, també a 'Lo Gaiter de la Muga"(seudónimo con el que el poeta firmaba sus poemas eróticos publicados a 'ciclostil' y de los que yo tuve un ejemplar regalado por Planells)
Más extrañado aún me interpeló "¿que vosté parla catalá? ¿no m´ha dit que es de Madrid?" "però visc a Benidorm" le respondí.

      Y tras este breve cambio de frases abandonó el acento presuntuoso del arrastre de sílabas y pasamos una tarde encantadora llegando a atender otra visita en nuestra presencia ante sendas copas de un excelente cava. Un detalle que me divirtió mucho es que cuando le dije que le mandaría lo que publicara (en aquel tiempo en La Verdad), me dijo: "No me importa lo que publique, me dá igual, lo único que tiene que hacer es poner mi nombre bien grande en la portada el periódico y así lo comprará mucha más gente. Lo que diga en el interior da lo mismo."
     Termino el encuentro cordialmente con invitación, incluso, para que repitiera la visita "sin necesidad de un embajador" en referencia, sin duda, al común amigo Planells. Pero no se repitió la oportunidad, lamentablemente.

      Solo conservo dos fotos de aquella entrañable visita al pintor que, además, no son de excelente calidad pero cumplen su misión de recuerdo y testimonio.